Investigadores estadounidenses estimaron que cobrar un impuesto del 18 por ciento a la pizza y las bebidas podría reducir el consumo de calorías de los adultos estadounidenses y ayudarlos a bajar, en promedio, unos 2 kilos por año
El equipo, que publicó su estudio en la revista Archives of Internal Medicine, sugirió que el impuesto podría usarse como un arma en la lucha contra la obesidad, que cuesta a Estados Unidos alrededor de 147.000 millones de dólares por año.
"Pese a que estas medidas no resolverán la epidemia de obesidad en su totalidad y podrían ser resistidas por los fabricantes y vendedores de alimentos, podrían ser una importante estrategia para resolver el consumo excesivo", escribió el equipo liderado por Kiyah Duffey, de la University of North Carolina, en Chapel Hill.
Esta política también "podría ayudar a reducir el consumo de calorías y potencialmente contribuir a la pérdida de peso y a una caída de la incidencia de la diabetes entre los adultos estadounidenses", agregó el equipo.
Dado que dos tercios de los estadounidenses tienen sobrepeso u obesidad, los políticos están considerando cada vez más la idea de aplicar impuestos como una alternativa para lidiar con la enfermedad al nivel de la población.
California y Filadelfia introdujeron una legislación para gravar los refrescos con el fin de limitar el consumo.
El director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés), el doctor Thomas Frieden, apoya este tipo de medidas, al igual que la Asociación Estadounidense del Corazón.
Ya hay algunas señales de que esa estrategia funciona.
El equipo de Duffey analizó las dietas y el estado de salud de 5.115 adultos jóvenes de entre 18 y 30 años entre 1985 y el 2006.
Los especialistas compararon los precios de los alimentos durante ese período. En 20 años, un aumento del costo del 10 por ciento estuvo asociado con una caída del 7 por ciento en la cantidad de calorías consumidas provenientes de refrescos y del 12 por ciento por el consumo de pizza.
El equipo estimó que aplicar un impuesto del 18 por ciento a estos alimentos podría reducir en un 56 por ciento el consumo diario de calorías de una persona, lo cual equivaldría a una pérdida de peso de 2 kilos por año.
"Nuestros resultados sugieren que las políticas a nivel nacional, estatal o local para alterar el precio de los alimentos y bebidas menos nocivos podrían ser un mecanismo para lograr que los adultos adopten una diete más saludable", dijo el equipo de Duffey.
En un comentario, los doctores Mitchell Katz y Rajiv Bhatia, del Departamento de Salud Pública de San Francisco, dijeron que los impuestos son una forma apropiada de corregir el mercado, que favorece la elección de comidas poco saludables sobre los alimentos que protegen el bienestar físico.
Los especialistas argumentaron que el Gobierno estadounidense debería considerar seriamente los subsidios a los alimentos que contribuyen al problema.
"Desgraciadamente, hoy estamos subsidiando a los artículos equivocados, incluido el producto del maíz, lo que hace que el almíbar de maíz de las bebidas endulzadas sea tan económico", escribieron.
En cambio, dijeron que los subsidios agrícolas deberían destinarse para que alimentos más saludables como verduras, frutas y granos integrales sean menos costosos.

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